El mismo patrón se repite en casi todos los negocios pequeños: uno le hizo la web, otro le lleva el posicionamiento, un tercero le montó la ficha de Google y ninguno responde del resultado. Cuando algo no funciona, cada uno señala al de al lado y el que pierde el tiempo y el dinero siempre es el mismo.
Aquí las tres cosas las lleva la misma persona: montar la web, conseguir que te encuentren y quitarte de encima el trabajo repetitivo. No por abaratar, sino porque son la misma conversación. Quien escribe los textos de tu web sabe por qué palabras hay que competir, y quien automatiza tu facturación ya sabe cómo entran los pedidos.
Y no hace falta contratarlo todo. Cada etapa se vende por separado y entras por donde te haga falta: si ya tienes web y funciona, no te vamos a vender otra.